Carta de despedida a Jose Luis Aymat

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Hola Jose:

Sé que estás ya con Dios gozando de todos cuantos te quisieron y estoy segura que te habrán recibido con los brazos abiertos nuestros padres, de quienes a lo largo de tu enfermedad tantas veces me pediste que te contara cosas, Luis, tu cuñado y amigo desde el colegio, tus suegros y Santi, el hermano de Angelita a los que tanto quisiste, tía Luisa, tus tíos Carmen y Paco y tantos y tantos parientes y amigos que te precedieron.

Hace unos meses al presentar el concierto que la Fundación Sociedad Protectora de los Niños, celebró en Santander para allegar fondos destinados a becas de comedor infantil , a la que tanto quisiste y tantas horas y esfuerzo dedicaste, recité un fragmento de un poema de Mario Benedetti, que tú conociste porque días después te lo entregué en tu casa, que era una petición y un grito dirigido en primer término a todos los niños que por distintas circunstancias padecen situaciones difíciles y por los que lucha y a todos quisiera acoger la Fundación, pero también y, muy especialmente dirigido a ti. Decía:

” No te rindas, por favor, no cedas
Aunque el frío queme
Aunque el miedo muerda
Aunque el sol se ponga
Y se acalle el viento
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños
porque la vida es tuya
y tuyo también el deseo
Porque tú lo has querido
Y porque te quiero “

Y  es que tú, Jose, ya habías entrado de lleno en este tránsito hacia la VIDA con mayúsculas, sin una queja, sin un reproche, con plena conciencia del duro camino que ibas a recorrer pero queriendo en todo momento conocer paso a paso y gota a gota el itinerario a seguir, con una sonrisa y una palabra amable para todos cuantos te acompañaron, por dura y difícil que fuera la prueba. ¡¡¡Como un valiente!!!.

En el Colegio te hiciste Cruzado de María y como Cruzado nos has dejado para ponerte en las manos de María y con Ella en las de Dios.

Amaste a tu familia con locura: a Angelita que no encuentra consuelo, a tus hijos José Luis, Beatriz, Laura e Ignacio y a los que se sumaron a tu familia: Albano y Raquel y no digamos a Jaime, tu nieto. A tus hermanos y primos, especialmente a Kathy y a tus amigos.

“La vida se nos da y la merecemos dándola”, y en ti, Jose,  esta frase de Rabindranath Tagore se ha hecho realidad, porque amando a los tuyos amaste  a todos los niños que en su necesidad llamaron a tu puerta, y lo hiciste sin alharacas, sin ruido, como el que nada hace.

Hace años, un compañero mío de la Universidad escribió un poema que decía:

” Están erectos hacia ti Señor y son olmos sin alma
Están de paso y van a ti y son olmos sin alma
Y yo que soy todo alma, ¿adónde voy? ¿En dónde da mi sombra?

y concluía:

Perdóname Señor, porque siendo todo alma, no voy, ni doy sombra “

Tú, en cambio, sí sabías hacia dónde caminabas y que bajo tu sombra se cobijaban todos.

Ayúdanos tú, a cuantos tenemos la seguridad y la confianza de que ya gozas de la presencia de Dios, a preguntarnos cada día si estamos en el camino correcto y si somos sombra que cobija y acoge o por el contrario somos un árbol seco.

Con la esperanza de volver a reencontrarnos de nuevo contigo, te damos las gracias.

Gracias por tu vida, por el ejemplo de serenidad, de paz, de amabilidad, de entrega y de fortaleza que has demostrado en tu enfermedad, por tu gran fe, por haber podido rezar cada día juntos y por tu solicitud de perdón a quienes nada te teníamos que perdonar; gracias por tu testimonio como esposo cariñoso, amante y fiel, por tu amor de padre y tu alegría y entrega como hermano, pariente, compañero y amigo.

Cuídanos a todos

¡¡¡Hasta siempre Jose!!!

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