La FSPN viaja a África. Los proyectos de Mozambique.

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La primera parada del viaje de la FSPN a África fue a Mozambique, con el objetivo de conocer los proyectos de primera mano, acompañados del Padre José Luis Montes, Provincial de los somascos. A su llegada a Maputo, la FSPN tuvo el placer de conocer al Padre Valerio, un sacerdote italiano, también somasco, de 75 años, lleno de vitalidad y fundador de diversas misiones en Filipinas, Australia, India y Nueva Zelanda. ¡Todo un ejemplo de la actitud luchadora y positiva que encontrarían durante todo el viaje!

En Beira, tres sacerdotes somascos, dos españoles, los Padres Carlos y Pedro y uno nigeriano, Padre Vincent, acogen, cuidan, educan, alimentan y atienden a 74 niños de la calle en edades comprendidas entre los 7 y 22 años y los preparan para que sean capaces de enfocar y dirigir su propia vida en el futuro. Cada día comienza a las 5 de la mañana con la preparación del desayuno y un bocadillo de pan con mantequilla para los tres grupos en los que se organizan los niños y que hay transportar hasta la escuela donde reciben sus clases de forma oral. No hay libros, pero lo que sí hay son exámenes,  así que nuestros chicos deben memorizar la lección o tomar sus propios apuntes. ¿Te imaginas haber ido a clase en estas condiciones?

Los sacerdotes, por supuesto, no paran porque, además de ocuparse de los niños, también sacan adelante todas las tareas de su propia organización, como preparar comidas, atender a los que quedan en casa, gestiones administrativas, hacer la compra… Como en cualquier familia, porque esta relación solidaria les convierte, a misioneros y chavales, en una gran familia. Eso sí, con la dificultad añadida de unos recursos muy escasos y el carácter problemático de muchos de los chicos y niños por su orfandad, haber vivido en la calle o haber sufrido maltrato. Incluso algunos padecen enfermedades complicadas, como el SIDA, por lo que además necesitan recibir atención médica. Se les enseña a desempeñar las tareas propias del hogar y a trabajar en el huerto y con los animales de los que disponen, para aprender a ser autosuficientes y organizar su vida de forma digna. En el ámbito formativo, imparten cursos de carpintería, electricidad o costura para ofrecer a jóvenes de ambos sexos la posibilidad de aprender un oficio y así, en el futuro, afrontar su propia vida con independencia.

Ubicados en un entorno socialmente muy deprimido y rodeados de la más absoluta miseria (las casas del entorno son de lata, cubiertas de uralita y suelo de tierra), los riesgos de robo, violencia o agresión son muy elevados. De hecho los misioneros han sufrido ya algún acto de violencia incluso con armas de fuego, por eso hay un par de guardias de seguridad, que vigilan todo el día.

Para su subsistencia, disponen de gallinas ponedoras y alguna vaca que sólo da solo 1 litro de leche al día y, recordemos, son más de 70 personas. Tuvieron cerdos pero se les murieron de peste y la agricultura es difícil, dado que están por debajo del nivel del mar y el agua de los pozos suele ser salada. Carecen de agua corriente (hay que cogerla con cubos tanto para lavar como para la higiene personal), y la luz va y viene a su antojo.

Eso sí, los chavales desprenden alegría y cuidan los unos de los otros. ¡Ellos también forman parte del gran equipo necesario para que este proyecto pueda funcionar!

Desde allí volamos de nuevo a Maputo, capital de Mozambique, para asistir a la recién creada, Parroquia de Ntra. Sra. del Rosario. Hasta esa fecha, su actividad parroquial y formativo vocacional, se desarrollaba directamente en el mercado de Xipamanine, el mercado de tipo ambulante más grande de África. La ceremonia, abarrotada de gente, duró más de 3 horas y resultó preciosa. Cantaron, bailaron y nadie se movió. ¡¡¡Incluso nos dieron la bienvenida!!!.

Dos días después partimos hacia Etiopía, dejando gran parte de nuestro corazón en Beira.