Visita al proyecto de la casa-cuna de Santa María de Leuca

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Visita al proyecto de la casa-cuna de Santa María de Leuca

Hace unos días hicimos una visita a uno de nuestros proyectos más entrañables, la casa-cuna de Santa María de Leuca en San Lorenzo del Escorial, en Madrid. Y es que las paredes de esta congregación de origen italiano albergan más de un centenar de voces de niños y niñas que no superan los 6 años, a fin de atender, asistir, educar y enseñar a pequeños que sufren una situación de semi-abandono por parte de su familia, ya sea por razones laborales (familias monoparentales con largas jornadas de trabajo), orfandad o dificultades económicas.

Detrás de cada niño hay una historia complicada pero casi queda en un segundo plano cuando se ve el cariño con el que les tratan las hermanas de Santa María de Leuca, porque trabajan incansablemente día y noche en el cuidado y educación de 120 niños. Y lo de “día y noche es literal”, ya que 40 de estos niños están en régimen interno, y viven en la casa-cuna hasta que completan el ciclo de educación infantil. Además, desde bien pequeños comienzan a aprender la importancia de la organización y las rutinas casi sin darse cuenta, porque ellos mismos saben que hay que cambiarles el pañal, que hay que bendecir la mesa antes de comer y que determinadas actividades se realizan por turnos, entre otros muchos ejemplos. Crecen en un entorno fantástico para su desarrollo personal e integración social.

Como guinda del proyecto, las familias tienen la posibilidad de participar activamente en actividades que se organizan a lo largo del año, como los Carnavales o las fiestas navideñas, donde también se interactúa con niños de otras escuelas infantiles de la zona. Además, se mantiene una buena relación con el Ayuntamiento lo que permite que 25 niños participen en el curso de natación.

Desde luego, estos pequeños están en las mejores manos, las de nuestras compañeras de Santa María de Leuca, y gracias a la labor conjunta que se lleva a cabo podrán disfrutar de una infancia como se merece cualquier niño del mundo, más allá de las condiciones que les ha tocado vivir.