Asociación Nacional Pequeña Irene

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ASOCIACIÓN NACIONAL PEQUEÑA IRENE

El mayor éxito del programa es dar cariño a unos niños carentes de afecto.

La Asociación Nacional Pequeña Irene (ANPI) es una entidad católica declarada de utilidad pública cuya nalidad es ayudar a los más desprotegidos de la sociedad y especialmente a los niños desamparados. Su marco de acción es Manila, capital de Filipinas y, concretamente los niños de la calle.

Bajo la supervisión de los Servicios Sociales Filipinos acogen al niño del que se hacen cargo, en régimen de tutela, proporcionándole las condiciones necesarias para su bienestar. ANPI se constituye en una gran familia facilitando al niño: alimentación, vestido, educación, cariño, orden, disciplina, colaboración en el hogar y estudio obligatorio, primero en el colegio y posteriormente en el instituto.

Estos niños proceden de Parola, uno de los barrios más deprimidos de Manila a los que se traslada a los Centros de ANPI situados en Cavite (Manila), un barrio de clase media lipina, en un entorno tranquilo y agradable para convivir. Desde el primer momento, tanto el vecindario como los colegios, han acogido a los chavales con los brazos abiertos, aun conociendo su procedencia. Nunca ha habido discriminación, y los pequeños incidentes se han subsanado rápidamente.

En el año 2013 estuvieron tutelados quince niños y niñas, diez de los cuales vivían en dos hogares de ANPI y los cinco restantes con sus familias debido a las limitaciones de espacio.

El Proyecto Pequeña Irene ha conseguido adultos social y humanamente responsables.

Hasta la fecha los resultados están siendo muy positivos. En el momento de acogida los niños necesitan un período de adaptación a su nueva vida. Supone para ellos un cambio muy importante que va de vivir en la calle en la que se buscan su propio sustento a integrarse en una gran familia de la que reciben amor y cariño desde el primer momento, pero que exige colaboración y estudio. De los más de cien niños y niñas que han pasado por nuestro hogar, todos excepto dos han terminado sus estudios.

El fin último perseguido es que estos chavales terminen como adultos autónomos, capaces de trabajar y crear una familia sana e integrada. Para ello es absolutamente necesario, por su parte, estudiar tanto en el colegio como en el instituto hasta graduarse en secundaria. Finalizados los estudios existen dos posibilidades, o bien se les busca un trabajo acorde a sus gustos, o bien se les ayuda a prepararse para un oficio. En ambos casos el resultado es un trabajo digno con el que se sientan satisfechos.

Uno de los grandes logros es prestar la máxima ayuda con el mínimo coste. Con un presupuesto total de unos 30.000 € anuales se atiende a quince niños, se paga a dos trabajadores y en numerosas ocasiones se ofrecen ayudas extraordinarias a sus familiares. La Fundación Sociedad Protectora de los Niños apoya a ANPI desde hace cinco años aportando 5.000 € anuales, a los que hay que añadir una aportación extraordinaria de 1.000 € para paliar, en parte, los efectos del tsunami en 2013 lo que representa un 20% del presupuesto total.

Los colaboradores españoles que han ido a Filipinas ponen de manifiesto la sencillez con la que se vive en los hogares de ANPI.

Se podría decir que lo más importante es que unos niños de la calle cuyo futuro eran las drogas, el alcohol o la prostitución terminen sus estudios y obtengan un trabajo digno pero, desde una óptica más profunda, el mayor éxito del programa es dar cariño a unos niños carentes de afecto. Cariño que han sabido trasmitir tanto los trabajadores como los voluntarios, y que ha sido el motor que ha permitido, por primera vez a esos niños, creer en sí mismos.

La comprensión y aceptación del entorno ha facilitado el poder desarrollar el proyecto apoyado por los Servicios Sociales Filipinos. Por otra parte, los padres y familiares de los niños han visto en ANPI la gran familia que ellos no les han podido ofrecer debido a su difícil situación (padres alcohólicos, drogadictos o maltratadores,…). En muchos casos se ayuda también a familias que además de los hijos acogidos poseen otros que continúan en sus respectivos hogares. Es admirable observar que familias en situación de extrema pobreza, aceptan con orgullo la pequeña ayuda que se les ofrece sin pedir más de lo que se les da.

– Ver información completa del proyecto –