En el corazón del barrio de San Blas (Madrid), se encuentra el Centro de Día Don Guanella, un refugio donde la Asociación Aventura 2000 desarrolla cada día una labor comprometida y profundamente transformadora con la infancia y la juventud en riesgo de exclusión social . Allí, los pequeños encuentran un lugar seguro donde aprender, crecer, desarrollarse y construir vínculos sanos y respetuosos.
Y es que más allá de ser un espacio físico, desde Aventura 2000 consiguen crear un entorno donde cada niño es mirado con atención, acogido con respeto y acompañado con ternura. En un contexto donde muchas veces faltan referentes estables, este centro se convierte en un punto de apoyo firme, una segunda casa donde sentirse valioso y comprendido.
En el marco de este compromiso por el cuidado de la infancia, está el proyecto Mentes Sanas, una propuesta que pone en el centro la salud mental de los niños y adolescentes. Porque más allá de la educación y el bienestar físico, el cuidado psicológico es clave para una infancia feliz y digna, especialmente en situaciones de vulnerabilidad. Y el aprendizaje y adquisición de herramientas psicológicas es quizás, la forma más profunda de prevenir y sanar todo ese sufrimiento silencioso que, de no ser acompañado, se arrastra hasta la vida adulta.
Mentes Sanas ofrece atención psicológica tanto a menores como a sus familias, mediante una metodología basada en el acompañamiento respetuoso, las dinámicas grupales, los talleres presenciales y los espacios de escucha activa. En este espacio, los niños y adolescentes se sienten escuchados, aprenden a comprenderse a sí mismos y adquieren recursos para afrontar las distintas dificultades que se puedan encontrar a lo largo de la vida.
Además, esta intervención no se limita al niño de manera aislada, sino que integra también a su entorno familiar, entendiendo que el bienestar emocional se construye en red. Cuando una familia aprende a comunicarse mejor, a reconocer emociones y a gestionarlas con mayor serenidad, el impacto positivo se multiplica y la vida familiar mejora a todos los niveles.
Aprender a identificar y gestionar emociones
Uno de los pilares fundamentales del proyecto es la realización de talleres de gestión emocional, donde se trabaja con grupos de niños, preadolescentes y adolescentes —edades clave en la construcción de la identidad— para que sean capaces de identificar, transitar y gestionar emociones como la tristeza, la rabia, el miedo, la frustración o la vergüenza. Emociones que, cuando no se transitan adecuadamente, acaban expresándose a través de la somatización, problemas de conducta o la desconexión emocional. Y cuando un niño aprende a ponerle nombre a lo que le pasa, y descubre que su enfado tiene una causa o que su tristeza puede compartirse sin miedo al juicio, comienza un profundo proceso de reconciliación consigo mismo.
A lo largo de estas sesiones y talleres, guiados con cariño, profesionalidad y una profunda comprensión del mundo emocional infantil, los niños y niñas han aprendido a mirar hacia dentro con curiosidad y sin miedo. Han aprendido que no hay emociones buenas o malas, sino que todas son válidas y tienen un mensaje para nosotros. Que identificarlas y transitarlas es esencial para que no se enquisten y generen una herida más profunda.
Enseñar a pedir ayuda es una herramienta protectora clave para el futuro
En este entorno descubren también que pedir ayuda no es signo de debilidad, sino de valentía. Supone entender que acudir a un adulto, a un educador o a un profesional no es un fracaso, sino una decisión madura que fortalece nuestra autonomía. Porque la verdadera fortaleza no consiste en hacerlo todo sin apoyo, sino en saber cuándo y cómo buscarlo. Esta capacidad se convierte, pues, en una herramienta profundamente protectora frente a futuras situaciones de riesgo, aislamiento o sufrimiento.
Aprender a pedir ayuda es una competencia esencial para la vida. Significa reconocer los propios límites, identificar cuándo una situación nos supera y asumir que no tenemos por qué afrontarlo todo en soledad. En una sociedad cada vez más individualista, enseñar a los niños que pueden apoyarse en otros es enseñarles a construir redes de confianza y cooperación. Y, al mismo tiempo, es ayudarles a comprender que del mismo modo que ellos pueden necesitar apoyo, también pueden ofrecerlo: que la ayuda no es solo algo que se recibe, sino también algo que se aprende a dar con ternura y generosidad.
Sigamos protegiendo la salud mental en la infancia más vulnerable
Todas las intervenciones que realizan desde Mentes Sanas son especialmente importantes en contextos marcados por la vulnerabilidad social, donde la estabilidad emocional y los espacios de cuidado son escasos. Este proyecto permite que niños en situaciones muy complicadas y con escasos recursos puedan recibir acompañamiento, psicoeducación y escucha cuando más lo necesitan, y que así puedan conocerse, valorarse y crecer con plenitud.
Hoy, más que nunca, la salud mental forma parte del diálogo social, y no podemos olvidar que es en la infancia donde se crean —o se sufren— la mayoría de trastornos y traumas. Por eso, es esencial cuidar la salud mental de los más pequeños, pues es una pieza clave en su bienestar y felicidad.
Sigamos apostando por proyectos que también apoyan el desarrollo psicológico de los niños y adolescentes 🧡
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